ATALEZA
Ataleza
Atamaría-La Manga Club
Atamaria
PLANTAS
Aves
Vídeos
MARIPOSAS
Odonatos
MÁS INSECTOS
Otras especies
FAUNA MARINA
Hongos y setas
Diapositivas
2738 fotos
Paisajes
Aves identificadas
Censo de Aves
Contacta
Descenso a una mina
Roche
Senderismo
Rutas bici
Enlaces favoritos
Ataleza english
Atamaría-La Manga Club
Routes
Route biki
Atamaria
Descenso a una mina
  
 
                ROGELIO MOUZO PAGÁN
  
MI VISITA A LA MINA "SAN RAFAEL"
       El día 12 de Diciembre de 1.988
                             Biografía del autor
                  
 
 Mi nombre es Rogelio Mouzo Pagán y soy hijo de padre gallego y madre murciana (de La Unión), a los que avatares de la Guerra Española de 1936 hicieron conocerse y contraer matrimonio; pero mi nacimiento tuvo lugar en el pueblo pesquero coruñés de Camariñas un 14 de enero de 1941, donde ambos esposos se habían trasladado a vivir.
 Contaba yo 18 meses de edad (era 1942) cuando mi familia volvió a La Unión y mi padre, que solo había trabajado en la agricultura y en la pesca, tuvo que trabajar como minero, pues era la única actividad de la comarca de Cartagena.
 Ello posibilitó que, desde muy niño, visitara las diversas minas donde mi progenitor trabajaba, pues en aquellos tiempo de extremada hambre sólo se podía hacer un único y modesto guiso al medio día para toda la familia, y había que llevar su ración al centro minero, distante algún kilómetro de la ciudad de La Unión, lo que propiciaba que gran cantidad de esposas e hijos de mineros salieran andando sobre el medio día a llevar la comida al cabeza de familia, padre, hermano, tío, etc.
 Aquello daba ocasión de un acercamiento de los niños a la actividad minera, generando en mi espíritu infantil una gran sugestión admirativa, al contemplar cómo los mineros penetraban en lo profundo de la tierra. Unas veces en largas y oscuras galerías empujando las vagonetas, otras veces les he visto entrar y salir en los pozos de pie sobre el cubo, en un arriesgado ejercicio de lucha contra la gravedad, sin apenas darle importancia, llamando aquello mi curiosidad y provocando el deseo de seguirlos en su descenso a las entrañas de la tierra; pero unas veces por una causa y otras por otra, estaba a punto de cumplir los cincuenta años de edad sin haberlo podido realizar, pues mi actividad profesional, tras algún tiempo en la industria, acabe como personal de mantenimiento de hoteles en la industria turística, que en La Manga del Mar Menor comenzó a desarrollarse en 1963.
 Sin embargo, el deseo de visitar el interior de una mina se hacía cada día mas imperioso y necesario, pues también las posibilidades de llevarlo a la práctica cada día que pasaba eran menores, máxime cuando me había impuesto la obligación de llevar a cabo esa experiencia para poder hablar de ella por mi mismo, como en estos momentos trato de hacer.
 Para mí era importantísimo poder descender a la mina y ver sus tajos, galerías y sus hombres trabajando dentro de ella, como un complemento más de una actividad, que sin proponérmelo y casi de forma casual he venido haciendo con gran pasión, mediante la búsqueda de documentos y libros mineros, así como diversas herramientas de la profesión, que han propiciado, que actualmente, tenga un archivo histórico minero con varios cientos de legajos de documentación, bastantes libros y otros útiles de miseria (un mini museo personal) cercano a mi propio domicilio en La Unión.
 Pero las posibilidades de hacer aquel viaje a las entrañas de la tierra no eran fáciles, pues de las más de tres mil minas y miles más de demarcaciones que llegaron a existir en la sierra de Cartagena, en aquel año de 1988, solamente quedaba en toda esta comarca minera una única mina trabajando por el sistema tradicional de penetrar en el fondo de la misma para arrancar el mineral.
 Aquella demarcación minera (hoy abandonada e inundados sus tajos y galerías) se Llamaba mina "San Rafael", y en ese tiempo era explotada por la sociedad Industrias y Minerales San Juan, S.L., cuyo director gerente desde 1983 era un joven empresario llamado Don Galo Conesa Vargas, que sucedió en el negocio a su padre Don Juan Conesa Pérez.
 En diversas ocasiones visité las oficinas de la compañía minera, y expuse al Sr. Galo Conesa mi deseo y las razones que tenía para bajar a la mina. Nunca había tenido ocasión de hablar con este empresario, pero él debía de conocer algunas referencias sobre mi interés por los temas mineros, además de que mi padrastro Ramón Plazas Guevara había trabajado para esa compañía en otra mina distinta, ya cerrada hacia años, llamada “Mina  Ocasión".
 Por fin, en una de aquellas visitas, me comunicó aquel hombre el día y la hora para poder hacer la visita minera, que tuvo lugar el 12 de diciembre de 1988, habiéndome personado a media mañana en la oficina, y el Sr. Conesa dio instrucciones a un hermano suyo, también socio del negocio minero, para que me acompañara en aquel recorrido.
 Como las oficinas estaban en La Unión tuvimos que trasladarnos en coche a la zona de "El Gorguel", del término de Cartagena, que es donde se encuentra la mina "San Rafael".
 Este camino no era desconocido para mí, pues en las inmediaciones de esa mina había estado muchas veces. Unas para visitarla por fuera, otras veces porque el camino de la mina también conduce a lo alto de la montaña por la que transcurre una tubería de unos 20 km que lleva las aguas de la minas del "Almorchon" y "La Parreta" (cercanas al pueblo de Alumbres) hasta la empresa donde yo trabajo en el Campo de Golf, sito en La Manga Club, en Atamaría.
 
         DESCENSO AL INTERIOR DE LA MlNA
 
 Serían las 11,45horas cuando, tras calzarnos unas botas de agua y ponernos el reglamentario casco sobre la cabeza, nos situamos frente a la boca del pozo esperando que el amainador sacara de la jaula-ascensor la vagoneta que salía cargada de mineral, y así dejar sitio libre para que nos subiéramos nosotros.
 Como ya expuse, me acompañaba el hermano del Gerente, que portaba una lámpara.
 Yo, en mis manos, solo llevaba la cámara de fotografiar para sacar algunas instantáneas de recuerdo y testimonio de aquél, para mi, importante hecho. El obrero que trabaja de amainador es un vecino de La Unión al que conozco y, además, hacía años se dedicó a la profesión de modesto fotógrafo, actividad que alternaba con la de minero.
 Este hombre me alertó sobre algunos problemas técnicos que podría encontrar en cuanto a las fotos, dado que en el interior de la mina el cambio de temperatura existente crearía condensación y podría empañarse el objetivo, recomendándome que dejara transcurrir un buen rato antes de usar la cámara, y que limpiara a menudo el objetivo.
 ¡Por fin!, estoy dentro del pozo en la jaula-ascensor, suspendida por el cable, que pasando por las poleas del castillete minero la une a la maquina de extracción.
 El recinto de la jaula es muy reducido y estrecho; está totalmente abierta, y sólo hay una cadena de hierro a la altura de media cintura, que se engancha de uno a otro lado por el lugar de entrada, y sirve como única protección de caída al interior del pozo.
 Con la magistral experiencia del maquinista se inicia el descenso, que está totalmente oscuro, y mi acompañante enciende una pequeña linterna eléctrica, que rompe lo negro del ambiente.
 El pozo tiene unos cuatro metros de diámetro, y parte del mismo está ocupado por los tramos de una escalera de madera (la escala), que antes se usaba para acceder al fondo de la mina cuando la corriente se cortaba o la máquina no trabaja. Pero esta escala está rota en la mayoría de sus tramos y no puede ser usada.
 Durante la bajada se percibe un ruido, que en un momento determinado se hace muy fuerte. Aquel ruido era producido por la rotura de alguno de los elementos de la tubería del viento que desde el compresor en la sala de maquinas en el exterior conduce el aire a los martillos perforadores; tubería que penetra por el pozo asida a la pared hasta el fondo de la mina.
 ¡Por fin, la jaula-ascensor se detiene sin brusquedades! El descenso había sido rápido pero no percibí ninguna sensación de miedo. El maquinista tenía mucha práctica ¡Un artista!
 Estamos en el enganche nº 1, a más de 120 metros de profundidad, y aunque por debajo había varios enganches más, aquél era el único que en aquel tiempo estaba en producción.
 La verdad, el saber que estaba a tantos metros bajo tierra, en principio, no me causó ninguna impresión. Seguramente aquello fue debido a mi deseo de bajar, así como las muchas conversaciones mantenidas con los mineros, los cuales me habían dado la seguridad de que nada malo podría acontecerme. Me confirmó también mi acompañante de descenso que la gente que voluntariamente desea bajar a la mina no suele dar problemas de miedo, quizás porque se han concienciado para ello.
 El enganche del pozo en el que nos apeamos es de dimensiones mayores a las que yo me había imaginado, incluso a pesar de mis conversaciones con mineros que me habían hablado de ello. Tiene este enganche la anchura misma del pozo, pero es alto y amplio en un gran tramo, estando dotado de doble vía, una para cada jaula-ascensor, pues el pozo tiene dos jaulas, una que sube mientras la otra desciende al unísono.
 Del enganche del pozo, como es común en todas las minas, arranca la galería general, y por ella nos adentramos unos metros para introducirnos en otra galería que sale a nuestra izquierda. Es la galería que nos va a introducir en donde se está trabajando. Aunque no llevo brújula, valiéndome de la orientación que me hago en relación a la situación de la jaula del pozo diría que avanzamos en dirección norte.
 
        RECORRIDO POR SUS GALERIAS Y TAJOS
 
 Lo primero que observé fue que todas las galerías que confluyen en la general estaban tapiadas con maderas y cartones, seguramente para evitar que se produzca una corriente de aire molesta para quienes trabajan en el enganche del pozo, pues esas galerías estaban en desuso desde hace muchos años. Son galerías mucho más antiguas que la que en la actualidad se está explotando, y una de ellas, también tapiada, parte en dirección sur hacia la colindante mina " El Concilio".
 También me ha sorprendido, en relación a la idea preconcebida que tenía sobre el interior de una mina, de que no experimenté ninguna sensación de miedo, pero esto ya me lo habían advertido amigos mineros, que afirmaban que en el fondo de la mina no se siente miedo.
 También pudo influir en mi falta de temor el hecho de que en aquella mina no había penumbras, pues todos los lugares que visitamos estaban iluminados por electricidad.
 Era una instalación sencilla, en la que unos cables de manguera antihumedad alimentan unos portalámparas con bombillas normales de 60 W. Parece una instalación hecha provisionalmente, sin perspectiva de perpetuidad, similar a esas verbenas de pueblo.
Sin embargo, la iluminación puede considerarse como buena y suficiente para el fin que persigue.
 Avanzamos por esa única galería donde están las mineralizaciones, y cuando habíamos recorrido unos cincuenta metros, en la parte izquierda de aquella galería observé la presencia de una gran cavidad o anchurón, en el que había una mesa grande y varios bancos de madera. El lugar es relativamente espacioso, y me indican que aquel espacio es el destinado a comedor de los obreros que trabajan en el interior de la mina. Allí puede apreciar las bolsas o recipientes donde los obreros guardan su comida, y también, en la pared frontal de aquel "comedor", la existencia de una pintada hecha sobre la roca, que hace referencia a la fecha del "Encierro del Comité de Empresa de la Sociedad Minera Peñarroya", que utilizó aquella mina para protestar, recluyéndose en su profundidad, como medio de presionar en la problemática de la actividad minera en relación a la negociación del Convenio Colectivo, y más tarde para oponerse al cierre de la mina.
 En todo el tramo de galería que voy recorriendo existe una vía por la que las vagonetas llenas de mineral son conducidas hasta el enganche del pozo y, de allí, al exterior. Hay un obrero que constantemente conduce estas vagonetas empujándolas y que previamente las recoge en una especie de muelle en la que son cargadas por un vehículo "Dumper". Este vehículo ha transportado el mineral varios cientos de metros, en un recorrido hecho por la galería, desde el fondo de la explotación minera. Es decir, el Dumper ha traído desde los tajos mineros el género, para depositarlo en la vagoneta existente en este pequeño muelle de carga y de allí el obrero la conduce al pozo.
 Cuando estuve en los tajos pude comprobar cómo ese Dumper era cargado mediante una pequeña pala neumática, que era manejada por un hombre que lo hace de pie sobre ella. La pala neumática de carga se mueve con bastante facilidad, a pesar de que es alimentada por una manguera flexible que le proporciona el aire para su trabajo, llenando directamente el mineral tal como ha quedado en los tajos tras la explosión de los barrenos que hicieran los perforistas. También se aprecia que es muy efectiva cargando, y su pequeño tamaño no le resta fuerza, siendo suficiente para mover todas las toneladas de mineral que se arrancan en la mina. Antiguamente este trabajo era realizado por varios obreros (peones del interior) provistos de capazos y legones.
 Olvidé decir que el hombre que trabaja como encargado del interior de esa mina se llama Gonzalo y, como casi el resto de los trabajadores, es conocido mío; ellos viven en La Unión y alrededores. De ahí que cuando paso junto a ellos me saludan y sonríen como si estuvieran contentos de que la gente nos interesemos por su trabajo. Gonzalo el encargado también nos acompaña, y aprovecha para hablar con su jefe sobre la marcha de la mina y de cómo van los tajos, así como de otros problemas, tales como el mineral encontrado, etc.
 Mientras ambos hombres hablan me he quedado algo rezagado y solo, pues me entretengo demasiado mirándolo todo. La galería principal que pasamos está practicada en un terreno de roca fuerte y no ha sido preciso protegerla, careciendo de puntales y de entibación. Esta galería es de gran dimensión, suficiente para que pase el vehículo Dumper que porta el mineral al muelle donde lo descarga en la vagoneta, tal como se explicó. También por ella transcurren las tuberías de viento y de agua, así como los cables del tendido eléctrico. El piso esta muy liso debido al mucho ir y venir de la máquina, que está dotada de ruedas de goma.
 En mi avance por aquella galería aparecen en uno de sus costados unos grandes socavones o tajos mineros, los cuales se ven apuntalados con largos hierros. Parece una zona de terreno más flojo y vulnerable a derrumbamientos.
 
      TRABAJO DE LOS MINEROS PERFORISTAS
 
Continuamos avanzando y llegamos a zonas donde están los tajos que en ese momento se trabajan. Aquí la galería principal se ramifica en varias más pequeñas que se dirigen a diversos lugares. Desde allí se percibe un leve y sórdido ruido que, a medida que nos vamos acercando, se va haciendo más fuerte e intenso. Es el ruido producido por la marcha de los martillos perforadores neumáticos que abren los barrenos en la dura roca.
 Lentamente me voy acercando al lugar, el cual permanece iluminado por una luz que se ve intensa. La luz la produce un potente foco protegido por una pantalla y sostenido por un pié metálico.
 La visión no es clara y el ambiente es de cierta "fosca"; no tanto por el polvo, del que no se aprecia su existencia, sino por una especie de humo o neblina que lo invade todo.
 Hay dos tajos próximos uno del otro, y en cada uno existe un obrero maestro perforista que trabaja barrenando con el martillo perforador. Estos hombres están desnudos de cintura para arriba y su cuerpo se aprecia sudoroso y manchado . Sobre su cabeza portan el casco protector y se calzan de botas de agua. Más o menos, la misma indumentaria que llevamos nosotros en nuestra visita.
 El martillo perforador está acoplado a un sistema de botella neumática ("el empujador") que, accionado por el viento, hace que la barrena realice tres movimientos:
1º de rotación sobre la roca que corta; 2º de percusión sobre la misma roca; y el 3º de avance. Con estos tres movimientos la barrena logra un orificio limpio y rápido.
Me acerqué a uno de estos obreros maestro perforista que estaba en plena actividad, observando cómo aquel minero, cada vez que acciona la válvula de abrir el viento y pone en marcha el martillo el ruido se hacía ensordecedor. Es un ruido tan fuerte y seco que da la sensación de que todo tiembla y se va a derrumbar. La verdad es que en aquel momento sí llegué a sentir una especie de escalofrío y temor, el cual me hizo apartarme instintivamente un poco del lugar como protegiéndome ... pero poco a poco me voy habituando, e insisto en mirar todo, para lo cual regreso situándome nuevamente junto al maestro perforista.
 Por el orificio que abre la barrena en la dura roca va saliendo un agua sucia que cae al suelo junto a los pies del perforista, el cual tiene que trabajar sobre una especie de barrillo producido al mezclase el agua con la tierra que corta. Éste agua que se inyecta revuelta con el aire, tiene como misión evitar el polvo. Antiguamente cuando la perforación era sin agua (a viento seco) la atmósfera pulvígena intensa que la perforación producía hacía contraer la enfermedad de las minas ("la silicosis") en muy corto espacio de tiempo.
 Sigo contemplando al minero perforista que trabaja, y veo como va cambiando la posición de la máquina en cada nuevo barreno que inicia, y observo que tiene ciertas dificultades para iniciar cada agujero o barreno, pues a la barrena le cuesta quedarse fija. Por eso, el obrero tiene que hacer un alarde de destreza, y mientras con una mano acciona la válvula del viento de la máquina, con la otra mano sujeta la punta de la barrena para que no se escape, a la vez que la presiona contra la roca. Tras los primeros centímetros de orificio, el resto es más fácil, pues la fuerza para avanzar la barrena la imprime el sistema neumático del empujador del martillo.
 Se nota que el trabajador tiene muy dominada la práctica minera de perforación, y pude comprobar la serie de orificios (barrenos) que ya habían sido practicados, a los cuales se les ha dado la inclinación debida, según su situación, para que de esa forma, y como se dice en el argot minero, se le dé "salida al barreno", pues aquellos están repartidos en todo el frente de la pared sobre la que se trabaja.
 Una vez practicados todos los barrenos, estos se llenarán de cartuchos de explosivos, y en cada agujero se pondrá un fulminante unido a un cable eléctrico que accionará posteriormente un "explosor", produciendo la voladura y arranque de la roca o mineral.
 Hablo con el obrero perforista mientras trabaja, y me indica que la barrena tiene dos metros de larga, aunque existen de varias medidas, que se pueden ir intercambiando en el martillo perforador conforme se profundiza el barreno. Con cada explosión de barrenos practicada se consigue un avance de 1,50 metros en la explotación.
 Dice "que si el trabajo ha sido bien realizado, el avance de la galería quedará terminado siguiendo con las mismas dimensiones actuales, sin apenas necesidad de hacer recortes parciales de la misma, siendo solamente preciso efectuar, tras la explosión de barrenos, un reconocimiento del terreno para comprobar si hay piedras semiarrancadas susceptibles de caer y producir accidentes". Para evitar la caída de estas piedras es preciso utilizar una larga barrena de hierro con la que se procederá a tocar los techos y piedras. Esta operación se la conoce con el nombre de "saneo".
 En aquel momento se esta trabajando en un tajo parecido a una galería, que tendría unos 2 x 2,5 metros (ancho y alto), y me indica que, para el avance de la misma, es preciso hacer 40 barrenos, empleándose en cada uno de ellos cuatro cartuchos de explosivo (goma dos o similar), lo que viene a representar un consumo de unos 20 kg aproximadamente. Esta proporción varía en función de la dureza de la roca.
 Como pude comprobar, el trabajo de perforista además de fuerza exige pericia, pues es preciso saber bien la inclinación que debe darse a cada orificio para conseguir la mayor eficacia y arrancar Lo máximo empleando la menor cantidad de explosivo.  También es importante valorar que cada barreno lleva su propio fulminante, y estos están numerados, de tal forma que, aunque la conexión eléctrica de los mismos forma un circuito en serie unido al explosor, los diferentes fulminantes empleados actúan ejerciendo sobre la carga explosiva sus propias características prefijadas, para que unos explosionen al instante y otros con 20 milésimas de segundo de retraso. Este bravísimo espacio de tiempo de diferencia de unos fulminantes a otros hace que se consiga mayor eficacia a la pega, al permitir dar salida a lo que la explosión arranca.
 
                   IMPRESIONES GENERALES
        Y OTRAS REFERENCIAS DE AQUELLA VISITA
 
 La impresión más favorable que se percibe en esta mina es que tanto la totalidad de sus galerías como los tajos en explotación se hallan plenamente iluminados por electricidad.
 De esa forma los trabajadores no necesitan utilizar ningún otro medio de iluminación. Los mineros antiguos sufrieron la penumbra de la luz del candil de aceite o de la más moderna lámpara de acetileno (el carburador), o más recientemente se utilizan lámparas eléctricas a pilas soportadas en el casco o gorro minero.
 No obstante, existen en el interior de la mina distribuidos en diferentes lugares algunos carburadores en previsión de algún corte de electricidad. De hecho, en la foto que me hice con el encargado del interior, Sr. Gonzalo, aparece el carburo que este portaba.
 Otro aspecto importante es la ausencia casi total de polvo, el cual ha sido neutralizado desde que se perfora con aire e inyección de agua. Sólo existe aquella neblina que expliqué, la cual se forma por una especie de humo formado por vapor de agua y aceite quemado por la marcha del martillo perforador.
 Las galerías se ven surcadas por diferentes tuberías asidas a sus paredes. Son tuberías de agua y de aire, así como un gran tubo de unos 350 mm de diámetro utilizado para ventilación que es accionado por un potente ventilador o extractor de aire. De esta forma se evita que haya excesivo calor en el interior. Esta galería general se ve totalmente libre de obstáculos para que por ellas marche sin problemas el Dumper. Solamente presenta parte de su techo, en alguno de sus tramos, apuntalado con hierros y grandes tableros para contener y soportar las rocas susceptibles de caída.
 La mina tiene una temperatura relativamente fresca. Todos los trabajadores están vestidos y con tendencia a abrigarse, a excepción de los dos perforistas que trabajan sin camisa dada la dureza de su oficio. Yo mismo, que llevo camisa y jersey, no siento la necesidad de quitármela, y mucho menos en la zona del enganche del pozo, en el que la corriente de aire hace sentir frío.
 En la mina "San Rafael" solo trabajaban siete personas, un "cabo gancho" que mete las vagonetas dentro de la jaula ascensor del pozo; dos perforistas; un hombre que maneja la pala neumática cargadora para el mineral; otro obrero que maneja el vehículo Dumper; el encargado, Sr. Gonzalo, que vigila la marcha de la explotación atendiendo los diversos problemas que puedan surgir, siendo además el Sr. Gonzalo el hombre que debe permanecer atento a la seguridad de la mina, vigilar los trabajos que se hacen, y cómo van las pintas de mineral para asesorar sobre la marcha diaria de ésta.
 En la conversación entre él y el hermano del Gerente escuché sobre la existencia de mejores filones, localizados mediante pruebas obtenidas en sondeos realizados en la mina, que auguraban mantener la actividad minera. También dijeron que, recientemente, habían estado sacando buenos y abundantes géneros, los cuales estaban dispuestos a volver a encontrar.  Durante la visita el encargado estuvo indicando a su jefe lo último que se había arrancado, y ambos comentaban estar satisfechos de los que veían, confiando en la suerte de dar con buenos filones de mineral. Otro de los obreros es el maquinista del pozo, así como el amainador que recibe las vagonetas y las aboca en la torva o porteta para ser trasladadas al lavadero (ambos en el exterior de la mina).
 Otro dato que observé y narro es que por algunos lugares del techo caía agua goteando permanentemente, existiendo tajos fuera de explotación totalmente anegados y en alguno de ellos tenían instalada una bomba sumergible para achicarla. El problema del agua, de un tiempo a esta parte, les está creando muchos problemas y están muy preocupados, pues el caudal aumenta día por día.
 Estos comentarios me hacen caer en la cuenta de la mucha agua que había visto caer al interior del pozo cuando bajé de la jaula-ascensor en el interior de la mina, y la cual discurría por la galería general tapiada con cartones, procedente de dirección este. Según pude averiguar, en el interior del pozo había instalada una bomba buzo de 30 HP trabajando las 24 horas del día y sacando el agua al exterior de la mina, tirándola a la rambla. Era un desagüe forzoso, con el agravante de que la bomba se va manifestando incapaz de controlar la crecida de aquella agua. Gonzalo, el encargado, ha vuelto a realizar una nueva medida del nivel en que la misma se encuentra en el pozo, y ésta se halla solamente a 16 metros por debajo de donde se trabaja, con tendencia a subir. Parece que estaba previsto sustituir aquella bomba por otra mayor, de forma urgente.
 En relación al interior de la minase puede decir que hay muy poco ruido. Solamente el lejano marchar de los martillos, cuyo fuerte sonido es amortiguado por las galerías, haciéndolo casi imperceptible, al menos para un profano como yo. Este ruido es ensordecedor solamente en su proximidad en el tajo.
 El trabajo de los obreros en el interior de la mina presenta un ritmo vivo, fluido y constante, debido al trabajo mecánico de la pala cargadora. Unas vagonetas vacías suceden a las llenas. No es un trabajo a destajo, pero se aprecia que en la jornada van sacando una producción prefijada.
 De todo he ido sacando fotografías, de las que salieron algunas. Dado que no pude visitar las antiguas galerías de la mina que permanecen fuera de servicio y tapiadas con cartones y palos, así como lo peligroso que su visita podría representar por el mucho tiempo que están abandonadas, la visita al interior de la mina empieza a darse por finalizada.
 Hemos estados dos horas y treinta minutos debajo de tierra. El cabo gancho da la señal al maquinista del exterior anunciándole que vamos a salir. Esta señal la realiza mediante el pulsador de un timbre que ha venido a sustituir al sistema antiguo, consistente en un cable que desde abajo accionaba un gran martillo colocado en la boca del pozo en la calle.
 Nos introducimos en la jaula ascensor, que lentamente se pone en marcha aumentando la velocidad progresivamente. En poquísimo tiempo nos encontramos en la calle, percibiendo la alegría de volver a ver la luz del día, las verdes hierbas y la silueta de las montañas ...
Misión cumplida.
La Unión, marzo de 2002
                                        ROGELIO MOUZO PAGAN

                          BIOGRAFÍA
ROGELIO MOUZO nació en Camariñas (La coruña) en 1.941, de padre gallego y madre portmanense. 
Es, sin embargo, unionense por adopción y por vocación, puesto que en La Unión    reside desde antes de cumplir  dos años de edad.
     Ingresó en La Manga Campo de Golf, en 1.972, como encargado de mantenimiento.
Es uno de los trabajadores  más veteranos de estas instalaciones. 
     Con el paso de los años , ha formado un importante archivo privado repleto de documentos  y de libros sobre el ayer de La Unión y su entorno.
     Colaborador del Museo Minero y del Festival del Cante de las Minas, destacamos, entre sus publicaciones- las dedicadas a los "tres puntales del trovo" . Así ha sido colaborador en "El Trovero Marín" (1992), coordinador y coautor de "Calle del Trovero Castillo" y autor de "El Minero.Manuel García Tortosa" (1996). Ha sido coator del libro "La Semana Santa Minera. Historia de los desfiles pasionarios en La Unión" (1998)
     Colaborador en El Trovero Marín, coator de Calle del Trovero Castillo y La Semana Santa Minera. Autor de El Minero   
 (volver)             
 
 

AtalezaAtamaría-La Manga ClubAtamariaPLANTASAves VídeosMARIPOSASOdonatosMÁS INSECTOSOtras especiesFAUNA MARINAHongos y setasDiapositivas2738 fotosPaisajesAves identificadasCenso de AvesContactaDescenso a una minaRocheSenderismoRutas biciEnlaces favoritosAtaleza englishAtamaría-La Manga ClubRoutesRoute biki